No se trata de mirarnos siempre el ombligo. Ni de hacernos autofelaciones. Ni siquiera creer que lo nuestro es lo mejor. Pero creo que a veces hay que mirar un poco más por lo de aquí.
Me explico:
Esta historia surgió en mi cabeza este pasado fin de semana en el Resurrection Fest de Viveiro.
Como siempre, lo pasé como un enano. Y me consta que la mayoría de personas que conozco con las que allí coincidí así lo hicieron. Pero para mi (y seguro que para alguno más) hay un punto muy negativo que no puedo obviar. Y no, no me refiero a los precios de la barra, ni a las instalaciones del camping, ni a los retrasos del jueves.
Me refiero a lo de aquí. A los grupos españoles. A las bandas que tocaron en el Resurrection y a las que podrían haber tocado. Porque pocos me negarán que, por ejemplo, Nothink y Toundra dieron dos de los mejores conciertos de todo el festival. Pero aún así yo me quedé con mal sabor de boca. Porque quizás podrían haber tenido un poco más de tiempo, un mejor horario... Ya se que organizar un festival de estas dimensiones es muy complicado, y yo no pretendo dar lecciones a nadie. Pero tengo la sensación de que las bandas nacionales no son valoradas todo lo que debería.
A veces parece que para ellas es un placer tocar en el mismo festival que Pennywise y Gorilla Biscuits (que seguro que lo es), y que pagándoles una miseria te darán uno de los conciertones de la tarde.
Y no solo hablo de bandas más o menos consolidadas como estas, también me refiero a grandes grupos como Cohen o Tragic Vision.
Porque cuidar la escena nacional es importante. Porque muchas de estas bandas nutren de público el festival. Y porque gran parte del público forma parte de bandas. Bandas que tienen amigos. Y que a su vez estos también tienen amigos.
Y sí, es cierto, mientras el Resurrection siga presentando carteles con alguna de las mejores bandas de fuera muchos seguiremos peregrinando a Viveiro todos los veranos. Pero si un año baja el nivel... Quizás sea tarde para acordarse de lo de aquí.